Pregón de las Fiestas de Biedes

 

  ROSA DE PARADES

Hola, regueranos biedenses, algunos viejos amigos, muchos conocidos y todos benévolos escuchantes.

Yo me encuentro aquí un poco atrapado entre el presente de esta simpática fiesta que acaba de resurgir, y el pasado del recuerdo. Un poco atrapado por Rosa, por quien profeso manifiesta admiración, porque ella a su modo se ha tomado el cargo de buscar en las raíces de nuestro pueblo, de investigar su más reciente historia, que no está en los grandes acontecimientos, que suceden raras veces, sino en la vida normal de las gentes que nos van precediendo y que en el quehacer de cada día de sus vidas, en la lucha con la tierra y con sus ganados,  fueron haciendo sus casas, sus hórreos, sus caminos, puentes y fuentes, escuelas e iglesias, enseñando a los suyos el estilo de vida que ellos a su vez heredaron. Fueron ellos los que configuraron  este Biedes,   estas Regueras que hoy tenemos.

   No es la primera vez que Rosa me invita a participar en  estas actividades que laboriosamente prepara a través de la asociación  La Piedriquina , (me viene a la memoria aquel refrán que dice:"piedriquina a piedriquina fixi yo una cabañina").

 

 

El caso es que esta vez, ya veis que no conseguí evadirme...; pero de qué voy a hablaros si no es de mi pequeña historia personal, remembranza de aquel  Biedes que me tocó en suerte y al que serví como buenamente pude.

  EL CURA NUEVO

Pronto hará medio siglo: fue en el verano de 1958, cuando en un primer domingo de Julio, llegó a decir la misa en Biedes   un  curín nuevu. Venía en una vieja bici, pues en las primeras semanas de mi estancia  en Las Regueras, no tenía otro medio de transporte; aunque pronto conseguía una Vespa, que por ser para servicio parroquial pasó por delante de una inmensa cola de espera.

 

Ya habían pasado casi 20 años desde aquella Guerra Civil que con tanto realismo nos recuerda Rosa en sus libros, pero las estrecheces y la pobreza todavía no habían pasado. En todas Las Regueras, que yo recuerde, sólo había un coche: era el del Aparejador de Paladín, encargado de Regiones Devastadas. Los demás a pie, en  burro o en bici. Bueno, siempre  teníamos  comunicación con Oviedo en el renqueante autobús de línea de los  Corredorias. Motos, que yo recuerde, solo había dos: El médico D. Emilio Jaqueti, tenía una pequeña Guzzi  para  atender a los enfermos,  y el alcalde, Manín de Ca  Elcorreo iba en otra  similar, a su trabajo en la fábrica de Trubia .

 

Pues bien, como os decía,  en aquel domingo de Julio del 58 llegué en mi vieja bici  a la parroquia de Biedes. Todavía me recuerdan algunos cómo empecé mi primera homilía: "Me llamo Celso, tengo 28 años y vengo a vivir con vosotros".

 LAS CATEQUISTAS  DE BIEDES

Y como venía cargado de proyectos, de ilusiones, y de sueños, intenté repartirme entre las gentes que me habían sido encomendadas. Asiduamente visitaba las escuelas, me hacía amigo de los enfermos, entre otras razones porque siempre estaban en casa, y me ocupaba mucho de  la  catequesis. Había muchos niños y un grupo maravilloso de catequistas.

El tiempo  va borrando todo, pero todavía emergen sobre la niebla del olvido los nombres de Avelina de La Cabaña; Blanquita y Adelina de Parades;  Mary Luz la de don Aurelio, el maestro; Lola, Manolita de Mariñes ,  Carmina de Ca Fernando..... Eran muchas más y todas colaboraban con entusiasmo. Hasta llegamos a formar un coro, para cantar las misas de las fiestas en latín..

 

La sección de los mayores la  hacíamos en la sacristía, no iban a estar ellos mezclados con el guirigay que armaban los  niños en el templo cuando se dividían por secciones, ellos, que ya empezaban a presumir. Recuerdo que eran trece en mi lista y lo recuerdo por el hecho curioso de que once de entre ellos tenían como primero o segundo  nombre el de  José.

 

Como tenía impaciencia  por conocer  personalmente a cada uno, visitaba casa por casa. La verdad es que todos me recibían bien."Ay, ¿Está aquí, Sr. Cura?  .- ¡Neña¡ Baja un silla del salón pa que se siente". Y que yo decía: "no, no, yo me siento en el escañu, con vosotros". Y que luego comentaban: "ésti ye como nosotros". La anécdota no tiene ningún relieve; pero  el hecho de que casi medio siglo después, todavía  una mujer me lo haya recordado...

 

   FIESTA DEL ESPÍRITU SANTO                                           

             Pero hoy  estamos en la fiesta de Espíritu Santo. Cuenta la Biblia, en Los Hechos de los Apóstoles que un día llegó el infatigable  San Pablo a no sé cuál ciudad de Asia Menor y reunió al  grupo de  nuevos cristianos para una plática. Comenzó hablándoles del Espíritu Santo. Los oyentes debieron empezar a ponerle caras extrañas,  por lo que Pablo interrumpió la charla para preguntar la causa, y ellos le dijeron:

" ¿de qué nos hablas? Porque nosotros neque si Spiritus Sanctus est, audivimus.  Ni siquiera hemos oído que exista ese Espíritu Santo".   Eso mismo es lo que podíamos decir  hoy en la fiesta del Espíritu Santo en Parades: que ni la conocíamos.

 PEDRO EL GAITERO DE COGOLLO

En Biedes se celebraba la fiesta Sacramental: se llamaba a Pedro, el gaitero de Cogollo, y él se encargaba de buscar el tamborilero;  se traían los voladores, y venían los sacerdotes de las parroquias vecinas. La procesión era alrededor de la iglesia. Justo detrás de ella, parábamos en un altar de piedra, casi empotrado en un huertín en forma de triángulo, que a todas luces parecía que había sido quitado al campo de la iglesia. Lo comentaba con Victorio y él sonreía por lo bajo. Años más tarde supe que acabaron dándolo para ese fin, pues no valía para otra cosa, una vez que la gente dejó de trabajar los huertos. Después de acabada la ceremonia religiosa, nos trasladábamos a Casa Ramiro donde  su mujer nos ponía una buena comida casera, que sabía a Gloria (que así se llamaba ella).

FIESTAS PATRONALES

Se celebraba también la fiesta del Cristo de Biedes; y la de los Mártires de Mariñes.

Sin embargo, en ninguna de las parroquias se celebraban la fiestas patronales. En Santullano la de San Julián era  hacia el ocho de enero; en Valsera la patrona debía de ser la Asunción, pero ni siquiera esto estaba claro; y  la de  aquí, de Biedes, era  San Martín de Tours, santo que, sin duda, trajeron los franceses peregrinos del camino de Santiago. Y que dejó su nombre en la toponímia del prado de Andallón, donde existió la más antigua iglesia de Las Regueras, y cuyo yacimiento se conserva aún sin excavar.(Las Regueras de los Sesenta, p652 y ss). Esto daría a Biedes el título de la parroquia más antigua.

AÑO JACOBEO

Este es un año Santo Compostelano. Por delante de mi casa de la Carcabina pasan  casi todos los días  peregrinos, que vienen de muy lejos  a hospedarse en el albergue de Escamplero. Es un resurgir maravilloso de un hecho que conmovió a Europa en la Edad Media y que desde hacía siglos había decaído mucho. Pero ahora es admirable ver cómo se renueva, cómo llegan peregrinos no ya sólo de Europa, sino de todas las partes del mundo, y pasan  atravesando a pie esta tierra nuestra de las Regueras en busca de una nueva espiritualidad.

 ARMANDO DE PARADES

Los recuerdos perduran según la intensidad de las vivencias, y sin que tú lo pretendas, se van quedando aferrados a los riscos de la memoria  evitando  ser barridos por las constantes subidas y bajadas de las mareas del olvido.

No deja de ser curioso que precisamente el primero que conocí fuese Armando  de Parades, el padre de Rosa. Y es que mi padre vendía y reparaba máquinas de coser, por lo que recorría los pueblinos de los ardedores del  Naranco. Tenía, por muchas partes, gente conocida, que le ayudaba  en esta labor, porque,  por aquel entonces, era muy importante  en todas las casas,  tener una máquina de coser; con ella  no sólo se adaptaba la ropa de los mayores para los niños, como dice el cantar:

"estoy llocu de contentu,

Porque me fiexo mio madre

unos pantalones nuevos

de unos vieyos de mio padre".

 

Hasta las sábanas se ponían al verde y se tendían a secar con grandes remiendos en el centro y  a veces  con un poco de vanidad, si el remiendo estaba bien echado. Se hacían calzonzillos  de tela morena  para  los varones de la casa. Con la  máquina  se daba la vuelta a un abrigo que ya estaba decaído por el uso y volvía a quedar  como nuevo; o de un retalín de percal se hacían ropinas nuevas,  para poder mandar a los neños a la Misa del Domingo de Ramos, estrenando algo, que así se hacía siempre. Cuando mi padre supo que venía destinado a Biedes acudió a Armando para recomendarme.

DON ARMANDO EL ÚLTIMO PÁRROCO

Pero D. Armando se llamaba  también el cura de Biedes. El último cura de Biedes, pues hasta  la Guerra, hubo siempre, desde siglos y siglos atrás, un cura en cada parroquia. Era lo normal: que hubiese una vieja casa rectoral con su cura, que vivía siempre en el pueblo, con un ama  que se ocupaba de la rectoral. Cuando recibí el  encargo de parroquia de  Biedes, D.Armando ya estaba colocado en Oviedo, en  un destino que, seguro, le daba muchos menos problemas, pues desempeñaba el cargo de capellán del Cementerio. 

EL HAMBRE DE LA POSTGUERRA

A veces venía por aquí con motivo de alguna solemnidad y me contaba cosas de sus tiempos. Me enseñaba una suerte que, como vecino, poseía en el  monte comunal: era un franja terreno que bajaba paralela desde la cima hasta  la base. El me contaba, todavía con cierto orgullo:" mira, toda esa suerte, la sembrábamos entera de patatas y con ellas cuántas hambres quitábamos a mucha  gente que venía suplicando por algo que comer".

Esto del hambre es  otro capítulo de la Guerra que nadie suele pararse a recordar. Sin embargo los mayores recordarán cuánta gente de las ciudades y de las cuencas mineras se lanzó al campo a pedir limosna.

Buscaban ser admitidos  de criados en nuestras casas, sólo por poder comer algo. Y hasta llegaron algunos a quedarse para siempre, formando una parte insigne de nuestro pueblo.

Pero aquí no estamos haciendo  un trabajo serio,(que se podría hacer), sino  un charla  amistosa, donde se habla de lo que va saliendo en la conversación.

 EL CABÍN DE MARIÑES

Uno de los personajes que  perviven  en el recuerdo, es la figura del Cabín de Mariñes. Solía venir siempre a Misa, y venía temprano, cosa que me alegraba, porque así la misa cumplía  una finalidad social como era el encuentro de los vecinos ante la iglesia, el intercambio de noticias y pareceres entre los paisanos, que venían desde Mariñes, desde  La Braña,  hasta de la Estaca, Meobra y Castiello ,  y se juntaban allí con los de  La Xugal y Parades.

 

La charla continuaba delante de la iglesia o en el pórtico, si el tiempo lo demandaba. Yo, mientras tanto, ordenaba con Victorio las cosas de la semana  desde la sacristía, no sin dejar de echar  la oreja a  lo que decían,  pues a veces la conversación se animaba tanto, que llegaba a los niveles de discusión.

Del Cabín todos sabían que era un hombre muy listo, aunque, también era voz común, que no sabía ni leer, ni escribir.

Pero eso sí, el Cabín iba a los mercados y ferias de ganado y si miraba a un xatu  y decía, ésti  tien trescientos veinte kilos, para los conocidos  era  como si hubiese pasado por la báscula. El Cabín no se equivocaba más allá de un par de kilos.

Del Cabín de Mariñes recuerdo una frase, que casi no debía repetir, pero a estas alturas ya espero  que no espante a nadie. Estaba yo en la sacristía, mientras que fuera,  la discusión se estaba volviendo apasionada, el Cabín mantenía su tesis en medio de un corro de paisanos y discutía con un chaval joven que se le oponía  y además argumentaba mejor que él. Cuando ya se vio apurado y un poco acorralado, optó por lo que los filósofos llaman un argumento "ad hominem", para deshacerse del adversario, y  va y le dice:"pero tu qué sabes, rapaz, si tú ni siquiera viste nunca  mexar a una muyer".

La risotada de los paisanos fue  unánime, el otro quedó un tanto mohíno, pero el Cabín mantuvo su liderazgo y entró triunfante en la iglesia  para ponerse  atrás, con los paisanos, mientras  el Cura nuevo desde la sacristía pensaba si eso sería un pecado de escándalo, y  miraba de reojo a su sacristán que, más atento a la discusión, que a la preparación rutinaria de las vinajeras para la misa, se reía también.

De sobra sé que hoy esto es ridículo; pero en aquellos  años si una pareja se besaba en la calle, la gente a voces los avergonzaba. Ni  siquiera se  podía ver un beso en el cine que os  echaba los domingos; si era dudosa la película, tenía que verla antes para cortar el trozo de celuloide y después volver a pegarlo con acetona antes de  devolverla, pues también protestaban si la devolvía "corregida".

 VICTORIO EL SACRISTÁN

Victorio era otro gran personaje de aquel Biedes de los últimos años cincuenta. El fue el que me contó la trágica muerte de don Felipe, el cura de Biedes. Y cómo casi le cargan a él con la culpa,  por haberlo perdido en el río Nora y volver y echase en la cama  sin darse cuenta, hasta que al día  siguiente por la mañana  oyó que aporreaban la puerta y era la Guardia Civil; pero de esto ya tengo un artículo, que está en  el libro antes citado.

Victorio era un hombre culto en la opinión de sus vecinos. Tenía una buena caligrafía y eso hacía que fuese llamado con frecuencia para hacer documentos , escrituras y a veces hasta testamentos. Como sacristán  viejo, había visto pasar por aquella sacristía a varios curas, pero  entonces era a mí, a quien tenía que iniciar en los secretos de la parroquia.

El tenía sus peculiaridades; una  era que no sólo le gustaba mucho catar el vino en Casa Ramiro, sino también  el  de cada uno de los chigrinos de la redonda. (Qué sé yo si no se habría iniciado en la sacristía...) El caso es que el oficio de sacristán estaba muy mal pagado: tenia derechos en los entierros, en las bodas, en el Día de Difuntos, donde la gente se mostraba más generosa... Pero claro, eso no era todos los días. Tampoco había ni sombra del seguro de vejez. Entonces él se las ingeniaba para  ayudarse en  sus gastillos. En la Misa, hacia la mitad, salía Victorio con la cestina a recoger  de los asistentes la limosna, como era tradicional.

La gente venía ya preparada para echar algo que sonara o se viera bien al echarlo en la cesta, pues todos se daban cuenta  entre sí. Cada cual aportaba una monedina de aluminio de cinco o diez cts; o un niquel de a real o dos reales, incluso podía caer en el cesto un billete de a peseta, pero eso ya era muy singular.

 

El cura, como si estuviera castigado, tenía que decir la misa de cara a la pared, dando la espalda a la gente, aunque de vez en cuando daba media vuelta para decirles: Dominus vobiscum, pero como era en latín, la gente ni se enteraba, sólo le contestaba la voz cantarina del  monaguillo: et cum spiritu tuo;  y rápidamente  les volvía la espalda para continuar  enfrascado en sus latines. Victorio volvía con la cesta y pasaba derecho a dejarla en la sacristía; allí, separaba lo que le pertenecía a él, de lo del cura, pero la gente sentía el ruxir de la calderilla en el silencio de la misa y me lo decía.

Después de tiempo ya pensó por fin el cura en mejorar un poco las cosas y trataba de convencer al sacristán para que no llevase la cesta a la sacristía: como se trataba del pequeño óbolo de los fieles, y era una ofrenda que se hacía en la misa,  que sería mucho más litúrgico pasar por el medio del templo, subir hasta el presbiterio  y dejarla sobre el altar...

Después de tanto decírselo, el hombre no tuvo más remedio que hacerlo así. Pero se las ideó para subir por el lado derecho, para luego girar hacia el altar, llevando en su mano izquierda la cestita, mientras con la derecha seguía cobrando su contribución, que hábilmente pasaba de la cesta al bolsillo. La gente sonreía.

Victorio fue un buen hombre, fiel, conversador y servicial. Años más tarde, cuando yo hacía el recuento de los acontecimientos  de aquel  año de 1970 que acababa de pasar, ponía: También recordamos aquí la muerte de Victorio, el sacristán de Biedes. Ejerció el oficio de sacristán a través de más de sesenta años. Con él desparece en Las Regueras, la antigua institución de los sacristanes."( pg. 470).

NONITO DE BIEDES

Nonito era otro de los vecinos cercanos a la iglesia. Se le veía siempre  como un hombre de orden y de paz, como un patriarca que cuidaba su numerosa familia. Era de los que preferían oír antes que hablar. Yo estuve hospedado en su casa una semana. Era la Cuaresma y en ella,  teníamos  dedicada una semana para el cumplimiento pascual en Biedes, acontecimiento muy importante para mí, pastoralmente. Quería aprovechar bien el tiempo, pasando la semana entera con la gente. Y propuse en la iglesia mi plan de vivir, aunque solo fuera una semana  al año, con mis feligreses. Como estaba de pensión en Santullano, no me importaba pagarla en Biedes. La gente lo comentó y  acordaron  que lo mejor era quedarse en casa de Nonito. Yo ni corto ni perezoso cogí mis cuatro cosas y  allá me alojé. En todo el día no me quedaba tiempo para estar en casa. Me sentía muy satisfecho,  pero se ve que para ellos, no acostumbrados a tener un inquilino, aquello era un trastorno. El caso es que a la hora de pagar, Nonito  no quiso de ningún modo cobrármelo, pero me dio a entender no era muy buena mi idea de quedarme. Y ya no volví más a repetir la experiencia. 

VIRGINIA DE PARADES

 

Mi amiga Virginia de Ca´lfigu, de Parades. Vivía a  la derecha de la carretera según se bajaba, veías un tejado bajín sin ventanas, ni nada;  pues la casa estaba de espaldas, como para pasar desapercibida. Reflejaba un poco el modo de vida de sus habitantes.

Virginia vivía con su marido un hombre parco y ocupado en sus cosas, (o  tal vez  lo del cura no le iba muy bien). Decían que alguna vez hasta era un poco duro con su mujer. Pero  es que Virginia,  aquella mujer menudina y vivaraz, vestida de negro según el uso de entonces,  era un tesoro humano: cómo escuchaba, qué preguntas me hacía, cómo te atendía. Yo iba con lo mío, que me parecía lo más importante del mundo y supongo que a ella le caería un poco monótono y pesado(eso lo veo ahora). Ella parecía embelesada escuchándome. " Ay, Sr, Cura cómo me gusta escuchalu. Ay..., Dios me de gente lista pa tratar".  Y yo quedaba muy contento y hasta un poco tentado de vanidad; pero después de un rato, repetía la frase con una coletilla que me dejaba un pelín confuso:" Dios me dé gente lista pa tratar.. anque me engañen."

Pero, Virginia, si te engañan de qué te sirve que sean listos o no.  "Ay,señor, si  son listos déjente contenta, non te faen sufrir a lo tonto".

Otras veces, después de escucharme, me decía "cuánto me gusta hablar con gente prepará, como Vd ", pero luego añadía:  "y como la Guardia Civil". !Vaya¡ Que  me echaba una de cal y otra de arena. Pero lo decía con tanta sinceridad, tan sin ánimo de molestar, que a mí me admiraba su sabiduría natural. Muchas veces recuerdo a Virginia de Ca´lfigu, cuando  veo cómo se hace sufrir a otros sólo por hacer sufrir.

 

ALICIA, LA SEÑORITA MAESTRA.

 

Alicia ¿ Os acordáis de Alicia, la Srta. Maestra de Biedes? Esa sí que era una institución en aquel Biedes de los 50.Cómo formaba a sus alumnas, con qué sensibilidad preparaba aquellas generaciones de niñas. Con qué dignidad vivía en aquella  casa- escuela, bastante desvencijada, porque  tampoco en el Ayuntamiento había medios,  soportando la soledad en los fríos inviernos. Era respetada y querida por todos. Vivía tan sola que la gente habría visto  con buenos ojos que la Srta. Alicia se casara.

Había un hombre bastante elegante, se llamaba Marcos, tenía esa cultura y esa habla suave de los indianos, porque había pasado buena parte de su vida como emigrante.    En seguida la buena voluntad de la gente pensó en juntarlos. Parece que a él no le iba mal la idea y procuraba hacerse discretamente presente por donde ella estaba. Algunos ya se lanzaban a pronosticar un final lisonjero...pero, decididamente, la Srta. Alicia  no había  pensado en ceder parte de su libertad a nadie. Muchos años después, un día, cerca de mi  casa, en Salesas,  vi un entierro que salía de unos portales más abajo, alguien me dijo: es de Alicia, la maestra de Biedes.

 JOSÉ SUAREZ MIER, DE MARIÑES

D. José Suárez Mier, de Ca El Ferreru de Mariñes. Yo lo conocí a través de mi gran amigo José Ramón de La Trecha, que era sobrino suyo y puede que el mejor de mis amigos.  D José me comentaba de él, con cierto orgullo: "ése acabó la carrera y no vino a verme, quiere salir adelante por sí solo ".

Visto como  veía yo a aquel hombre, en Madrid, con aquel rango que tenía en los ministerios... Era nada menos que Secretario de Trabajo, como un ministro;  y vista la amabilidad con que me trataba, yo daba gracias a Dios de poder tener allí a uno de Mariñes que me orientaba y me ayudaba cuando yo iba Madrid, tratando de conseguir que me arreglaran la iglesia de Escamplero; que por cierto, era la única que podía haberse quemado y no se quemó, porque la emplearon para cárcel durante la  Guerra.

El ya había conseguido el dinero para la reconstrucción de la iglesia de Biedes. La única que estaba  en buen estado cuando llegué. Pienso que habría merecido  un recuerdo en las paredes del templo.

Cada vez que tenía que ir, procuraba pertrecharme  de las cosillas de la parroquia, porque ya sabía que me las iba a preguntar en una comida a la que él siempre me invitaba un día, en cada uno de mis viajes a Madrid. Todavía conservo una tarjeta de visita donde me escribe  casi una carta en letra diminuta. 

 SUSA DE LA ESTACA

La Estaca también es de Biedes. A la entrada del pueblo, tenía yo una feligresa  que vívía sola, en su pobre casita que más parecía una cabaña; éramos buenos  amigos. Todavía no había agua en las casas.

No es que yo fuese escrupuloso para eso;  pero, bah...

                                                        Ella no tenía más que unes cabritines; un día al entrar al pueblo charlamos un poco y se empeñó en que a la vuelta tenía que tomar una tacina de leche de cabra que era tan buena, tan buena...A la vuelta, la mujer me estaba esperando y tuve que entrar. Me ofreció, con mucho cariño e interés, la leche,  recién catada, en aquella taza, que debía de ser la única que tenía.

Entonces yo como distraídamente,  mientras  hablábamos procuré coger la taza con la mano izquierda para beber por el lado menos usado, cuando a la mitad va y me dice : "!Anda¡ Toy fijándome  que  usté agarra  la taza po´l mismu llau que yo".

 

 BIEDES Y LA TRAÍDA DE AGUA.

¡Cuántas pequeñas historias¡ ...Llevaba ya  unos tres años con vosotros, cuando me dijeron en el Obispado que a don Rufino, que venía para Santa Cruz,  le convendría llevar también Biedes.

Pero yo no marché del todo: desde Santullano, seguía  viniendo para rellenar ausencias,  ayudar en las solemnidades o para buscar cooperadores en problemas como el de la Traída de aguas.. El 13 de octubre del 63, proponía que se nombrara un representante por Biedes y otro por Mariñes(pg.110)

 

Ya era el 5 de Enero de 1964, cuando ya escribía: “os diré que últimamente han solicitado entrar en la Traída de Aguas los de Biedes. Nos alegramos sinceramente, pues se les invitó cuando a todos, y nos disgustaba que perdieran tan buena oportunidad”(pg 183).

 

¡VIVA LA FIESTA ¡

Pero  nosotros aquí y ahora, estamos haciendo esta fiesta y queremos que haya armonía, que haya una sidrina... y un cantarín de la tierra..., y una gaita... y unes mocines bailando... Que luzcamos más guapos que en los días de entre semana. Que  nos riamos, que nos conozcamos mejor para  que nos queramos más, porque esto es lo positivo de la vida. 

 

Amigos míos, hoy es la fiesta del Espíritu Santo, la fiesta de la Virgen del Rosario, la fiesta que nos restauró  Rosa. Una fiesta es como una revolución: es romper los moldes  rutinarios de la vida cotidiana.  ¿ Que todos los días tenemos que trabajar? Pues hoy ¡no se trabaja¡  ¿Que hay que madrugar bastante? Pues hoy , no. Que todos los días se come una comida corrientina? Pues hoy, que sea especial. Que todos los días hay que hacer la cama? Pues hoy ¡ que se quede  sin hacer¡; que  cuando llegue la noche, ya entraremos por donde salimos.

¡Viva la fiesta del Rosario! ¡Vivan los que en ella están!