El Excura de las Obras

EL EXCURA DE LAS OBRAS (LNE 21/05/1999)

 (ver página de la Nueva España original)

Celso Díaz Fernández, natural de Villoria (Laviana), 69 años, dice que trabajó la mitad de su vida de cura y la otra mitad de profesor de Latín en varios institutos. En abril de 1975 se secularizó y meses después contrajo matrimonio. Es padre de dos hijos. Ahora, 24 años más tarde, sus antiguos feligreses de Las Regueras –fue titular de la parroquia de Santullano y encargado de la de Balsera hasta finales de 1974- le siguen recordando como el cura cuya iniciativa, espíritu emprendedor y afán de trabajo permitió el logro para el concejo de obras y mejoras fundamentales para el progreso del municipio y la calidad de vida de sus vecinos. La Corporación aprobó por unanimidad nombrarlo hijo adoptivo de Las Regueras. La entrega del título será hoy.

“Emotivamente, esto es lo más grande que me ha sucedido en la vida”. Lo dice Celso Díaz con satisfacción inocultable, un punto de inquietud y una magna sonrisa. “Lo más importante que te puede ocurrir es que te quiera y que te tengan afecto. Y que ahora, casi un cuarto de siglo después, me recuerden los hijos de los feligreses de entonces y aquellos a quienes yo bauticé y di la primera comunión es muy emocionante. Como lo es que, habiendo siendo cura durante la dictadura, se haya aprobado el nombramiento en la democracia sin un solo voto en contra”.

Todos sus méritos, asegura aquel ex cura, hoy padre de familia, es “haber trabajado mucho”. “Tengo casi 70 años y todavía ahora no paro”. En Las Regueras le atribuyen el arreglo de la iglesia del Escamplero, la construcción de la traída de aguas, el logro del apeadero de Renfe

“La iglesia de El Escamplero estaba en ruinas. Logré ayudas para repararla. Me pasé diez años yendo a Madrid, a los ministerios, para reclamar dinero. Al final me ofrecieron construir una gran iglesia que sirviera de monumento a los caídos en la guerra civil, que fue durísima en el concejo. Pero aquella obra era carísima, no les alcanzaba el dinero, yo tampoco lo tenía, y además era un proyecto demasiado grandioso, casi escurialense. Aquella obra tan cara en un pueblo tan pobre me creaba un cargo de conciencia. Acabé consiguiendo el dinero para hacer una iglesina más sencilla, pero más guapa y servicial”.

También hizo la casa rectoral y arregló el tempo de Santullano. Pagaba al albañil y el cura colaboraba como peón. “Yo soy activo. Y además no había dinero. Entonces los labradores eran muy pobres”.

La traída de aguas al concejo fue, afirma, “una historia muy larga”. “Cuando acabé la rectoral hice un aljibe porque no tenía suministro. Los vecinos tenía que ir a la fuente con calderos. Quise hacer algo para remediarlo. Cuando el Alcalde no podía, iba yo por él a Oviedo a hacer gestiones. El tenía que cuidar el ganado y yo tenía una moto. Y además sotana, que entonces tenía mucho prestigio”.

Para lograr el apeadero de Renfe, el hábito no fue suficiente y organizó una concentración de vecinos en pleno franquismo ante la dirección de Renfe en León.