Don José Manuel González de Valduno, mi profesor de Arqueología.

 

Hace  tiempo que tengo in mente  presentaros este trabajo, que tiene un significado afectivo hacia la persona de mi antiguo profesor, don José Manuel, cuyo centenario celebramos en Las Regueras.

 Era uno de tantos trabajos  que debíamos hacer en la universidad. En este caso el tema me  interesaba más, ya  que ignoraba hasta ese momento, la abundancia de restos prehistóricos que había alrededor nuestro, en el pueblo donde vivíamos, en Las Regueras.

En el libro “Las Regueras de los 60”, con el título de Progreso  y Prehistoria (pg.455),  se hace una cálida mención de D. José Manuel  y de su libro  Toponimia de una parroquia asturiana,que los de Valduno debieran tener después de la Biblia”.

 

En el año 68, me decidí a estudiar un carrera universitaria.  Guiado por algún anuncio, me apunté a una academia de Madrid que ofrecía ir mandando folletos y libros de cada asignatura para presentarse luego como “libre” a los exámenes. Empezaron a llegarme montañas de material que me abrumaban, pero no iba a volverme atrás. Así que durante unos meses arremetí con todo aquello sin que viera resultados aceptables. A punto estaba de desistir, cuando  llegó por el pueblo una sobrina  de  D. Emilio Jaqueti y Dña. Esperanza, Elena Fernández, que estudiaba Letras en la Universidad. Me atreví a hablar con ella de mis planes, de los esfuerzos que llevaba haciendo y  de que ya me parecían casi inútiles. Fue ella la que me salvó animándome a acudir a la Facultad, asegurándome que con la tercera parte de lo que me presentaban en la Academia y sin gastar tanto, podría conseguir mis propósitos.

Corrían ya los  primeros días de Noviembre y  se había agotado el tiempo de matricularse. Quedaba la posibilidad de  solicitar de cada uno de los  profesores, el que me admitieran como “libre oyente”. Si me lo permitían,  tenía   la ventaja de que  me podía examinar cuando todos.

Había que decidirse. Así que, superando mil complejos,  entré en aquellas aulas de la Facultad de Filosofía y Letras en la plaza Feijoo, donde la gente se apiñaba y tomaba apuntes, sentados incluso en las ventanas..  Para pasar más desapercibido, procuraba buscar algún hueco atrás, al fondo del aula. No veía ninguna gente mayor,  todos tenían cara de críos. Fue sólo la primera semana, porque pronto llegaron  dos maestros de Cantabria, Pedro Arce y José Cano, que se me acercaron  desorientados y yo los inicié en lo poco que sabía. Con ellos  y mi antiguo amigo Clemente Vilorio. hicimos un grupo de trabajo incondicional.

Hacia Enero  teníamos el primer examen que para mí era decisivo, pues me veía muy desfasado después da tantos años... Nunca olvidaré  aquel  6,1 que obtuve en Historia del Arte y que me dejó, creo, el séptimo de la clase.

 En el verano del 70, habíamos  terminado  los dos  cursos de “comunes”  y  estábamos decididos a preparar  el  tercer curso por el verano. Nos hicimos con todos los apuntes de tercero. Algunos profesores exigían además del examen normal, presentar un trabajo. Uno de ellos era el profesor de Arqueología. Tuve que ir a ver a D. José Manuel. Me dio una cita en su casa. Me enseñó una enorme colección de piedras que él mismo había conseguido, buscando incansablemente en las excavaciones de carreteras, en zanjas de obras, en terraplenes, en viejos molinos...Todas con huellas del trabajo del hombre,  desde los más antiguos tiempos. Cada una de ellas  estaba catalogada con su ficha donde  se registraban   los datos del yacimiento y sus  características. Comprendí por qué entre los alumnos tenía el cariñoso mote de “Piedrina”.

El trabajo que debía presentarle para el examen de septiembre sería sobre Las Regueras.

Era sobre la presencia en estos lugares de los hombres del Paleolítico a través de los restos hallados. Es un trabajo que todavía conservo.  Tiene todos los defectos de un principiante, con ciertos ribetes de  coba al profesor  para que le sea propicio. También se nota  que fue hecho muy de prisa y que no está  muy bien terminado. Lo que siento es que no conservo (si es que me lo devolvió) el trabajo corregido.

  Tal vez, ahora, un poco arreglado, se podría publicar como recuerdo  en su centenario.

Este fue mi segundo contacto con don José Manuel. El primero había tenido lugar  en Andallón, diez años antes, cuando  los vecinos de este pueblo y los de  La Estaca se unieron  para construir por su cuenta una carretera que les permitiera pasar el camión de recogida de la leche hasta La Estaca y acabar con la gabela de tener que transportarlo todos los días en burro. Casi al empezar a excavar la caja de la carretera, a la salida de Andallón, fue cuando  se encontraron con  los restos de una “villa” romana y descubrieron  un lujoso suelo de mosaico que adornaba seguramente ,  la sala  principal de la casa.

 

 Avisé a las autoridades de Oviedo para que viniesen a reconocerlo. Fue entonces cuando conocí a  D. José Manuel  que venía con un grupo de ayudantes para levantarlo y llevarlo al Mueso Arqueológico de Oviedo. Recuerdo que se sacaron varias  fotos del yacimiento y entre ellas, nos sacaron una, que yo creía perdida, pero que apareció,  en La Nueva España del día 1 de Septiembre de 2006.

Glaciaciones y el hombre paleolítico

Cueva de la paloma

Avatares de su descubrimiento

Hallazgos según estratos

Cueva de sofoxó

Estudio de Jordá

Cueva de las mestas

Cueva de la cruz

Cueva de ancenia

.          

Cuevas de Las Regueras.

De entre los pluriseculares libros de mi archivo parroquial, acabo de desempolvar un folleto, que hace una década fue colocado a1lí, por juzgar que su contenido había de servir más para utilidad da la parroquia y se habría de conservar, mejor que en mi propia biblioteca. Ahora lo tengo ante mi vista:"Un mosaico Romano en Andallón" por José Manuel Conzález, editado en Oviedo en 1.960.En la primera página un autógrafo del autor con firma bien legible: "Con un atento saludo, a D. Celso Díaz".

   Trabajaba yo en la construcción de la casa rectoral de Santullano, cuando apareció el famoso mosaico romano. Se lo comuniqué varias veces al arquitecto de la casa diciéndole,"avise en Oviedo, a ver qué interés puede tener porque, si no, lo pongo en el vestíbulo de la casa rectoral"

Entonces vinieron de Oviedo, y  conocí a quien, pasados muchos años, sería mi  profesor de Arqueología y Prehistoria.

Hoy, por indicación suya, empiezo este trabajo sobre los trogloditas de Las Regueras. Ellos al preparar sus utensilios, que llegaron hasta nosotros, hicieron que los destellos de su cultura empezasen a romper la oscuridad de esa larga noche sobre los orígenes de la existencia humana, que se debate entre hipótesis y conjeturas.                                                                                    Pg.2  

Este trabajo no va aumentar los hallazgos científicos. No es fruto de una nueva invención o hallazgo arqueológico; es sólo una toma de contacto inicial con dos clases de hombres: los que escribieron el mensaje en piedra y hueso y los que trabajosamente aplicaron su ciencia para descifrarlo.

Aquellos aplicando su inteligencia ponían los cimientos a  nuestra cultura; pero su ingenio solo se podía aplicar sobre el rudo canto rodado o la lasca que había que tallar con certero golpe, para cubrir la necesidad de la caza o e1 rito del  hechizo, o para llegar al maravilloso invento de una simple aguja de hueso.

Éstos, son los que con fervor casi religioso y científicamente bien preparados, se lanzan a la búsqueda y al rescate  de esos restos de la lejana cultura humana.

Unos y otros componen la  búsqueda  de la  “nueva frontera" que amplíe los dominios del hombre sobra la creación.

 

Pg.3

LAS GLACIACIONES Y El HOMBRE PALEOLÍTICO

En la Era cuaternaria suceden los períodos de Las Glaciaciones. La tierra llegó a enfriarse de tal manera que restringió notablemente sus condiciones de habitabilidad. Los efectos de estas glaciaciones fueron estudiados por Obermaier, rastreando las huellas que dejaron, no sólo en Los Pirineos y en Sierra Nevada, sino también en el sistema Central e Ibérico.

Al restablecerse la normalidad de las temperaturas, las grandes avenidas de los ríos rellenaron con sus aluviones las profundidades  y prepararon la fertilidad del suelo.

Es la época  paleolítica. Así pues, las glaciaciones aparecen circunstanciando las primeras culturas. 

-EL PALEOLITICO -

Glaciaciones-Interglaciaciones       

Razas

Culturas

Primera glaciación:Gúnz

Período interglaciar

Segunda glaciación/Mindel

Período interglaciar    

Tercera glaciación: Riss

período interglaciar

Cuarta glaciación:Wúrm

 

Mauer

 

 

 

Neandertal

Homo Sapiens

Grimaldi

Cromagnon.

Prechelense

Chelense

Achelense

 

 

Musteriense

Auriñaciense

Solutrense

Magdaleniense

En las glaciaciones primeras aparece la pobreza de fósiles y restos. En la última, el hombre busca refugio en las cuevas y nos deja abundante material.

Ningún resto queda del Prechelense, nombre demasiado indefinido y de significación ambigua  y donde enlazamos las especies simias  con los australo-pitecus y pitecántropus, hasta llegar al                                                                                          

pg-.4                            

Chelense donde aparece la mandíbula de Mauer, representativa del primer homínido llamado “homo faber”.(1)

Nada o casi nada sabemos de la segunda y tercera glaciación, donde la vida del hombre debió estar velada y sometida a la supervivencia en su lucha contra el frío.

Por el contrario, en los periodos interglaciares se desarrolla notablemente la vida humana con el Achelnse y el Musteriense. Época que para algunos corresponde al Paleolítico Medio, que enlaza con el “Homo Neanderthalensis” en el Musteriense y  que quedará extinguido por el “Cromagnon”.

Así entramos en el Paleolítico Superior, con la glaciación “Würmiense”. Debido a la abundancia de materiales no basta la clásica división en Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense. Se añade después del primero, el Gravetiense; y después del Solutrense, el Epigravetiense(2). El Magdaleniense se divide en periodos y  en niveles arqueológicos.

La cultura de los hombres de esta época aparece en cuevas de las que el hombre había logrado expulsar a las fieras para poder sobrevivir al frío de la última glaciación.

(1)La existencia del hombre terciario es una hipótesis poco fundamentada, a pesar del entusiasmo darwinista. Y los eolitos no pudieron soportar las pruebas del laboratorio.

(2) En este periodo pone Pericot el punto de partida de la población de la Península Ibérica, en el Congreso Internacional de Prehistoria, Madrid 1954.

                                                                                                                                                Pg.5

LAS REGUERAS Y SU SITUACION GEOGRÁFICA

Ocupa la zona central de Asturias, limitando al SE con Oviedo por el río Nora, cuyos kilómetros finales son su frontera natural.

Desde la confluencia con el Nora, es e1 río Nalón con su  máximo caudal entre los ríos asturianos, quien limita por el sur hasta casi la "cluse” de Peñaflor. Entonces formando escuadra con el río, es la sierra de Bufarán la más prominente de la zona, quien une los límites de las Regueras con Candamo por el Oeste. Por el Norte, puede decirse que queda debajo de Avilés, limitando con los municipios de Illas y Llanera.

Tal vez su nombre venga de la abundancia de pequeños ríos que la cruzan como “regueros". Está constituida por pequeños y escarpados cerros de caliza carbonífera y de calizas y areniscas devónicas, fáciles, a través de la erosión kárstica, a la formación de abundantes cuevas; siempre cerca de los ríos con fuentes resurgentes.

Es interesante adelantar que todas las cuevas que luego estudiaremos, están junto a un río que primero formó la cueva y después subsidió a las necesidades de los habitantes de las mismas. He podido conseguir un mapa detallado del concejo de Las Regueras, para localizar mejor los yacimientos que nos proponemos estudiar. Siento que en vez de ser un mapa geológico, sea político y nos detalle los caminos vecinales, fuentes  y hasta el último caserío; pero también es una buena guía que invita a pasearse por esta región abierta siempre a los hombres y tan típicamente asturiana.

                                                                                                                                                        Pg.6

  Posee una superficie de 64 kms2.Tiene un relieve medio entre las planicies de Llanera y las regiones más montañosas de Candamo y Grado. Está formada por suaves ondulaciones. Excepto el tercio occidental, con dos alineaciones paralelas de altas montañas que son las sierras de Cogollo y Candamo con una media de 600 m. de altitud, mientras que la media en el resto de la comarca es de  250 metros.

 

 

DATOS ARQUEOLÓGICOS DE LAS REGUERAS (1)

En el término de Las Regueras se ha hallado datación de los diferentes períodos prehistóricos . Así en Valduno y en  Soto se encontraron   estaciones de la industria lítica dentro  del paleolítico inferior, en el periodo apalachense.

De los restos del paleolítico superior vamos tratar especialmente en este trabajo.

En la altiplanicie entre las Cruces y Premió, existe una  necrópolis tumular del Neolítico o de principios del metal.  En Piedrafita de Soto hay restos de un túmulo de la misma época.

Restos de castros de la Edad de Hierro aparecen en  los Vallaos de Valduno y en Ruedes de Andallón,  localizados  por González J.M.

De la civilización romana tenemos la Estela de Valduno, descubierta y estudiada  por este mismo profesor.

 

También el ya citado Mosaico de Andallón, que se encuentra en el Museo Provincial de Arqueología de Oviedo.

 

 Estos datos, que forman un largo repertorio, están expuestos  en el libro “Toponimia de una  Parroquia Asturiana”.

(1)                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Don José Manuel González toma como fuentes: El Asturianense, del marqués de la Vega del Sella , y la Prehistoria de Carballo(pg.54)

 

                                                                                                                                                                         pg.7

CUEVA DE LA PALOMA

 I.- La Cueva

II.-Su historia reciente

III.-Hallazgos

IV.- Datación de su cultura

 

 

Aun hoy es acogedora, después de tantos miles de años, para quien se acerca a ella en busca del elocuente silencio da la naturalaza. Es de fácil acceso, junto al río de Soto, en la vega  del estrecho valle. Tiene una especie de arco y un vestíbulo, donde  se puede hacer la vida de "casa" cuando el tiempo no es extremoso. En temporadas más frías tampoco  hay que preocuparse  porque su  interior ofrece cálido abrigo.

Hoy la incuria y el  abandono aparecen por doquier. Todo el mundo escarba por el gusto de tener un minuto en sus manos alguno de los abundantes huesos medio fosilizados que cubren  el suelo.

Varios  autores citan el  original descubrimiento de un  buscador de tesoros.  También parece que todos adoptan la misma fuente, que es  Hernández Pacheco.

  Se trata de un aldeano vecino de Soto que encontró escorias de hierro en la cueva.

Al observar tanta abundancia de  huesos, restos de vasijas, cenizas...

se fue a Oviedo y denunció  la cueva como una mina. Pero lo que él  buscaba era nada menos que un tesoro  Lo que se le ocurrió fue ir  a consultarlo con una bruja de Grado que le confirmó sus sospechas.

Entonces sucedió el desastre arqueológico, porque  se puso con ahínco a vaciar la cueva,  destrozando sepulcros  neolíticos y las capas correspondientes a  la Edad de los metales. La labor era dura, así que, tras nueva consulta a la bruja de Grado, cambió de táctica:  dejó de profundizar y empezó  a excavar galerías: una, desde el fondo de la cueva hacia el exterior; otra  en la peña, rodeando por la base la masa del yacimiento paleolítico. Así lo cuenta en "La Vida de Nuestros Antecesores Paleolíticos  “,  Madrid 1.921.

                                                                                                                                             Pg.8

  Fue en 1.912, cuando D. Jesús Carballo dio cuenta a Pacheco y a  Cabré de la existencia de la cueva, los cuales Acudieron en 1.914 y se pasaron el verano aquel haciendo excavaciones.

 

Al año siguiente volvieron a continuar las excavaciones acompañados del  alemán Wernert, pero encontraron pronto arenas y roca viva.

 

Esta descripción  de H. Pacheco no coincide con la que en 1.925 nos da Obermaier, en su obra “El Hombre fósil", en la pg. 190 y .ss. dice:

“Cueva de La Paloma cerca de Soto de Las Regueras, concejo de Grado(!) descubierta en 1.912 por Carballo y Miranda; explorada en 1.914 por Pacheco, Cabré y el Conde de la Vega del Sella;  y por Wernert en 1.915.  Estaba revuelto y no había estratigrafía intacta en ninguna parte. Al parecer contenía  un número grande de sepulturas neolíticas, destruidas por completo. Por lo  tanto hay que considerar como una restauración teórica la estratigrafía  anterior indicada en  este yacimiento; y no puede utilizarse para comprobar el  tránsito del magdaleniense al aziliense, como ha dicho Pacheco”.

Obermaier no realizó, ni vio la excavación. Se equivoca al decir que Soto pertenece a Grado, siendo de  Las Regueras.

En otro pasaje, pg 231, dice, refiriéndose al Magdaleniense que “representa en España una zona delimitada al  Norte de la Península, dudosa en Barcelona y Gerona, pero clara en Vascongadas ,Santander y  Asturias, siendo e1 yacimiento más occidental, la cueva de La Paloma,  cerca de San Esteban de Pravia”(1)

Es otra inexactitud geográfica, pues más al occidente, a unos siete kilómetros en " línea de aire", como dice Pacheco(2), está la cueva de San Román de Candamo.

 

Expongo esto porque a no ser que Obermaier  tuviera algún  otro informe secreto del Sr. Pacheco, no creo que pueda desechar  las  excavaciones y las tesis expuestas por quienes se pasaron varios meses excavando sobre el terreno. Por otra parte, ese

 

Pg.9

  acervo de inexactitudes geográficas, indica que no detuvo demasiado su atención en nuestra cueva paleolítica de La Paloma.

Otro autor que habla de la Cueva de Soto, La Paloma, es Fernando Carrera Díaz, pero  no hace sino repetir a los dos anteriores.

Hay una  cita que no favorece las manifestaciones de Obermaier;  la pone Pacheco ( pg.13) cuando explica el método empleado en las excavaciones: “las operaciones para desescombrar la caverna se hicieron metódicamente, sacando primero los niveles removidos por los buscadores del tesoro, hasta encontrar la superficie intacta del yacimiento”.

Los niveles intactos se excavaban por capas delgadas, utilizando, según el estado de la capa, ganchos especiales parecidos a un almocafra.

                  

                        III.- HALLAZGOS SEGÚN LOS ESTRATOS

El más bajo y antiguo era el magdaleniense inferior, ya casi medio. Aparecen utensilios  grandes en cuarcita y pequeños de sílex, pero, en general, toscos; algunos raspadores en extremo de lasca, puntas de jabalina y de flecha  en asta de ciervo,  varios punzones de doble punta y de sección triangular. Sólo  había  un nivel del Magdaleniense Inferior.

 

Magdaleniense Medio.-Este aparece en varios niveles, siendo la zona más numerosa en toda clase de ejemplares  paleológicos y palentológicos. Le especie más abundante era un ciervo mayor que

pg.10( contiene grabados)

                                                                                                                                                                                    pg.11

el viviente en España: el "cervus cantabricus Graels".

Respecto a la industria abundan los buriles y las hojas de sílex (Fig.4).

 

Numerosas eran las grandes piezas de cuarcita, talladas a veces, con mucho esmero, como las que se representan en las figuras 5 y 6. Aparecen finas agujas de asta de ciervo y hueso, punzones, puntas de flecha y de venablo biseladas; también uno de los llamados “bastones de  mando” biselados, cuya finalidad es dudosa,  pudo tener efectos mágicos o simplemente autoritarios. Suelen estar decorados y éste está perforado pero sin decorar, fig.28.(1)

Una de las cosas mas interesantes de este estrato magdaleniense son los huesos con grabados representando animales, y pedazos de pintura roja. ( Fig.4 .- Raspador tallado en cuarcita)

Especial interés tiene la cabecita de cierva, grabada con trazo firme, sobre un trozo de hueso(fig.22)

,

que se reproduce en la página siguiente a fotocopia.

Así como el trozo de pizarra de la fig.23

 

donde están grabados el tronco y las patas de un animal.

 

Pero el más interesante es el que se produce en las fig.25 y 26. Aunque a primera vista sólo se ven múltiples rayas; se pueden seleccionar y nos dan las figuras citadas de un caballo parado en actitud                                                                                                                                           Pg.12

tranquila, y otro en veloz carrera. Y que Pacheco considera de gran interés por poderse relacionar con las de San Román de Candamo.

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(1)     Cito las figuras con la misma numeración con que aparecen en el opus citatum de H. Pacheco, para mayor facilidad de fotocopiar.

 

 

                                                                                                                                                                                 Pg.13

También aparece el Magdaleniense superior con la misma fauna, pero abundan los raspadores de múltiples formas. Hay puntas de flecha, algunas de las cuales presentan su base muy profundamente hendida(fig.10) . Las varillas, pinzones y puntas de azagaya(como se ven en la fig.11)

.

Algunas están cuidadosamente ornamentadas con dibujos geométricos o con estilizaciones de  animales. Son objetos de adorno. En la fig.12 parecen también  arpones de una y dos filas de dientes

.

 Por último, el nivel más alto que se pudo excavar fue el aziliense.  Se caracteriza por la evolución del arpón. En el magdaleniense era de sección cilíndrica; en el aziliense es de sección plana(fig.13)

.

 Se encontraron también muchos botones tallados. Caninos de ciervo perforados  para adorno(fig.21) y que acaso perforarían los cazadores para hacer collares

.

Todo lo dicho nos presenta la cueva de La Paloma, como una de las más completas para ver el paso del magdaleniense al aziliense  con patente degeneración en las manifestaciones artísticas.

 

 Enterramientos en la Cueva.- Se encontraron varios restos en el nivel aziliense: fragmentos de maxilares y dientes humanos.

 El día de la llegada del Sr. Ramón y Cajal, se descubrió un esqueleto de niño, pero sólo se lograron algunos huesos(1)

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(1) Obermaier, op. Cit. Pg325: “Hay del cuaternario otros hallazgos antropológicos inutilizados por falta de datos sobre su estratigrafía, como la cueva de La Paloma

 

                                                                                                                                                              pg.14

 

 

 

CUEVA DEL SOFOXÓ

I.-  Situación.

II.- Referencias y hallazgos.

IV.- Estudio de Jordá.

En la referencia que hace Hernández Pachaco sobre las cuevas asturianas, aparece situada en la margen derecha del río Nora, término de  Rañeces, parroquia de Balsera, en Las Regueras; reconocida y excavada por e1 conde de la Vega del Se11a. Contiene un nive1 aziliense, sin arpones típicos y un magdaleniense superior.(1)

Fernando Carrero Díaz afirma que "hay magdaleniense inferior o antiguo en Sofoxó, aunque no da razones.

Obermaier se atribuye a sí mismo una parte en la excavación de esta cueva cuando afirma en   su libro, El Hombre Fósil: “la cueva del Sofoxó, en Nora, cerca de Trubia, fue descubierta y excavada por el conde de la Vega del Sella, en parte, en colaboración con Obermaier”. Continúa informándonos de que hay en dicha cueva indicios del aziliense y un nivel del magdaleniense superior con varios huesos grabados. Cita entre los huesos un arpón con una hilera de dientes, y un punzón con un grabado estilizado de una cabeza de cabra.

Historias da España,  como 1as de Pidal y la de Pericot que estudian con detenimiento la Prehistoria, no dejan de citar esta cueva: “Sofoxó, con arte movi1iar, con cabezas de cabra esti1izada, en hueso”(4)

Es una lástima que estos restos no se encuentren visibles en e1 Museo Arqueológico de Oviedo. Ya Jordá señala la desaparición del arpón que estaba catalogado entre los hallazgos de esta cueva.

                                                                                                                                                                                 Pg.15

Jordá  publica también la fotografía en tamaño algo mayor

que el natural, de  dos huesos  trabajados,  a cuyo estudio dedica  un largo artículo.

Pues bien: tampoco me fue  posible ver  estos huesos  en e1 museo Provincial  donde  estaban cuando fueron estudiados por  este  catedrático de  Oviedo entonces, y ahora de Salamanca. Menos mal que están reseñados por su autoridad.

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(1) Hace una referencia bastante completa de todas las cuevas pa1eolíticas del Norte de Asturias) en su libro “ La  Caverna de la Peña de  Candamo”, Madrid, 1.919. Pg.24.

(2) Se  trata  de un discurso sin demasiado rigor   científico, que  luego fue publicado  “Prehistoria  Asturiana, pg.80.

(3) Esta cita  de Obermaier sobre su contribución  la excavación, debió  ser muy pequeña, pues no la citan los demás.

(4) La cita de Luis Pericot García está en la pg.62

16

 

EL ESTUDIO DE JORDÁ

La cueva de Sofoxó destacó  testimonio paleolítico con el estudio unos huesos grabados magdalenienses”, publicado por I.D.E.A., en el número 17.

Tenía intención de ir publicando estudios sobre tesoros desconocidos de la Arqueología Asturiana; pero al ser trasladado a Salamanca, la venturosa idea quedó en suspenso hasta el día de hoy.

Data él estos huesos  entre fines del magdaleniense y principios del aziliense. Cita las dos únicas referencias  sobre  Sofozó, de Pacheco y Obermaier. Afirma que hay varias series de materiales en el Museo Arqueológico , extraídas de allí.

Enfoca su estudio buscando concordancias que enlacen la zona cantábrica con el magdaleniense francés.

Después de hacer referencia  a la característica escasez de sílex en esta zona, pasa al estudio de estos huesos:

 La primera pieza  es un fragmento de punzón semicircular, algo aplanado, roto en uno de sus extremos y conservando la punta roma del otro. Mide 109 mm. De largo por 13 de ancho máx. y 9 de mínimo.

En una de sus caras conserva una serie de diez muecas en incisión oblicua al eje longitudinal de la pieza.

En la cara opuesta tiene un grabado de incisión ancha y profunda que dibuja una figura semejante a un ocho, de cuya parte inferior acabada en ángulo, surgen dos trozos divergentes, en cuyo índice inferior acaba con dos trazos, en correlación con los anteriores.

                                                                                                                                                                                           17

El segundo hueso, que aparece aquí dibujado en tamaño un poco mayor que el original, forma una varilla de sección circular. Roto en sus extremos, en uno de los cuales aparece una posible incisión de un bisel.  Mide 106 x 10 mm.

Presenta una cenefa  decorada en sentido longitudinal que comienza por tres incisiones oblicuas  unidas por una fuerte incisión vertical, que sobresale un poco de la última. Sigue una muesca ligera de forma oval. A continuación , la cabeza esquemática de un cáprido, de cual se conservan perfectamente las incisiones que trazan los cuernos y su parte derecha superior. Las partes restantes han desaparecido, bien por la rotura del hueso en esa región, bien por rozadura.

Sigue una muesca ligera . Luego un trazo levemente  inciso que recuerda  el perfil de la parte superior de un cuadrúpedo, espinazo y cuarto trasero. Idea que se completa con el fino inciso, que encontramos a continuación, en dirección inclinada y que podría considerarse como la parte como la parte delantera del cuello de animal.

Junto a la cenefa anterior discurren dos incisiones en sentido longitudinal: la cabeza  estilizada del cáprido. 

Tiene también un paralelo con las cabezas grabadas de un bastón de mando de la estación francesa de Raymonden, que cita Breuil y atribuye al magdaleniense IV.

Todo ello confirma la clasificación de magdaleniense superior para los niveles de la cueva de Sofoxó.(1)

(1)   Todo esto, más ampliado, se encuentra en el Boletín de I.D.A., de donde no pude sacar fotocopiados los dibujos como era mi deseo.

                                                       18

La interpretación de este conjunto de líneas no es fácil; pero es muy posible que se trate de un antropomorfo femenino.

La afirmación está documentada, al compararla con otro dibujo  estudiado por Breuil en un hueso de la sección francesa de  Bruniquel y datado como del magdaleniense IV. Es un gran dato para situar nuestro nivel de Sofoxó.

Esta coincidencia ornamental  con motivos de tipo no naturalista es  un hecho que, aunque comprobado muchas veces, no ha sido puesto de relieve suficientemente. Sin duda porque las concordancias más visibles, como el arte parietal, hayan reducido su valor como elemento de juicio.

Pero es importante señalar esta tendencia  artística  a la esquematización y geometrización de las formas, que coexiste con  las otras más expresivas del arte naturalista(1). También Pericot se ha fijado en  esta característica, el cual en 1.950 publicó en Barcelona un estudio sobre  “La cueva del Parpalló. Y también en “La España Primitiva”.

 

(1)   Además nos podría dar pistas para estudiar el origen de las pinturas de la escuela Levantina, cuya esquematización y pequeñas dimensiones le son características.

19

CUEVA DE LAS MESTAS

En la obra citada de Hernández Pacheco, pg. 24 y con el número 22, aparece la cueva de Las Mestas, que está en la confluencia del Nalón y del Nora. Tiene  testimonios del paleolítico  superior en superficie, y fue descubierta por el conde de La Vega del Sella.

 En la citada obra de D. José Manuel González, aparece el estudio toponímico de “mestas”, que deriva del latín  “aquas mixtas”, y que coincide con la desembocadura del Nora en el Nalón(1)

Actualmente está obstruida por las obras de la  Hidroeléctrica del Cantábrico en ese lugar.

 

(1)Está en la pg.218 de su tesis doctoral, publicada por la Diputación de Asturias  en 1959.

En la pg. 15 también cita esta cueva como correspondiente al paleolítico.

 

CUEVA DE LA CRUZ

   Se encuentra   en la orilla derecha del Nalón, en el límite entre Balsera y Grado.

Se hallaron yacimientos del paleolítico superior cuando fue excavada por el conde de La Vega del Sella. Es la nota escueta que pone Pacheco.

Sólo se conocen algunos restos de inventario del conde del Sella, pero no encontré nada escrito.

.

                                         

 

CUEVA DE ANCENIA

Esta cueva ha sido dada a conocer por D. José Manuel González, que nos la describe en su obra, (pg.15) con la circunstancia  siguiente:

“ Respeto a la cueva de Ancenia he de consignar que en el museo de San Vicente de Oviedo, he visto en el año de 1952, cuando se estaba instalando, sus materiales líticos con algún hueso, en un cajón de madera que tenía  este  rótulo: Procede de la cueva de Ancenia, parroquia de Balsera, en Las Regueras, entre Tahoces y Rañeces, en la margen del río Nora y como a unos treinta o cuarenta mts. sobre el nivel del mismo. López”.

 

LA CUEVA OSCURA

 Esta cueva está situada en la parroquia de Santullano de Viado, en el término de Ania, cerca del río Andallón. No encontré información sobre ella. Sólo algún articulo periodístico , no científico.

Nota: esta cueva ha sido estudiada por profesores de la Universidad de Oviedo y está publicado como Extracto de Bolletín de la Sociedad Prehistórica  de  l´Ari ège. Conocimiento de los vestigios de Arte Rupestre de la”Cueva Oscura.”